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UNA HOMILÍA PARA NO OLVIDAR Incorporamos las palabras pronunciadas el pasado domingo 29 de Abril de 2007 por el co-párroco de San Pedro Apóstol, don Eulalio Asensio. Estas dieron la bienvenida a la Virgen de las Cruces a dicha parroquia y a la vez a todo el mundo que acompañábamos a la Patrona en su primera visita a su pueblo. Esperemos que sea para fortalecer nuestra fe y amor a Nuestra Señora de las Cruces. LA INVOCACIÓN A LA VIRGEN (Eucaristía de Bienvenida o de acogida) (Día del Buen Pastor) 29 de Abril de 2007 “Virgen Santa de las Cruces ¡cuánto te ama tu Daimiel! Y te pide con anhelo, les des dicha, les des bien.... No nos niegues tu favor... Sírvenos siempre de guía...” Estamos reunidos en la Eucaristía de acogida a la Virgen de las Cruces, en el domingo del Buen Pastor. Jesús se presenta como PASTOR que conoce y da la vida por las ovejas, y ellas me siguen. Sólo el que es capaz de dar la vida, el que expone su vida, es el que puede guardar la de los demás. Es un buen día para invocar a María que colabora con Jesús a salvar a la humanidad. La invocación a la Virgen resuena de manera especial cuando llegan sus fiestas. Es como una felicitación entrañable de quien se ve necesitado. Y por eso, invoca y pide. Invocar a la Virgen es llamarla para que entre hacia dentro. Hacia dentro de la vida. María en nuestra vida y nosotros en la suya. Se produce el diálogo entre madre e hijo y se crean relaciones nuevas. La realidad de este intercambio nos lleva a la hondura de la fe. Pues la invocación sincera solo se percibe con ojos creyentes. Y desde la fe, María es madre nuestra por ser madre de Jesús. Y somos hermanos de Jesús por ser hijos de un mismo Padre Dios. Con esta fe filial, sintiéndonos todos hijos de María, nuestra Patrona, le dirigimos nuestra invocación, fijándonos en estas tres peticiones que cantamos en su Himno:
Que actúe a favor de la esperanza: Hoy hay gente que se pregunta: ¿Por qué de tantas vidas sin ilusión, sin horizontes, depresiones? ¿Cómo es posible que viviendo mejor hayamos perdido la esperanza? ¿O es que “vivir mejor” es la única meta? Parece como si en la “calidad de vida” solo contase el tener. Olvidamos otros valores que hacen la vida más humana. Una vida ramplona y sin valores, aunque se de en medio de la abundancia, es una vida inhumana, sin alas y sin horizontes. Por eso, hoy le pedimos a la Virgen una vida llena de esperanza. Invocar es caer en la cuenta de lo que nos falta y de lo que necesitamos. Invocar a la Virgen es hacerla compañera de camino. Y así, la vida se va llenando de sentido y nos vamos acercando a la meta que es su hijo, nuestro Señor. Don Eulalio Asensio LópezPárroco de San Pedro |
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