Todos tenemos en el escritorio o en un cajón de la casa un lápiz, siempre a mano para cuando lo necesitamos... María, nuestra Madre, es también como un lápiz, un hermoso lápiz.
Basta que recordemos algunas cosas de nuestro lápiz que anda por casa:
- En primer lugar, en un lápiz todo lo que es bueno o verdadero está dentro de él. Como todas las cosas están dentro de María: el poder del Espíritu, la presencia de la Palabra e incluso su hijo que va a nacer, formado de su misma carne y huesos.
- En segundo lugar, un lápiz necesita ser afilado cuando se usa. Igual que nosotros, cuando pasamos a través de la vida nos vamos “consumiendo”.
- En tercer lugar, toda la razón de la existencia de un lápiz es dejar una marca. María con su presencia nos marca donde podemos encontrar a su hijo. Es decir, donde está ella, está la morada de Dios.
- Y en cuarto lugar, un lápiz está siempre en mano de alguien. También María y nosotros, con nuestras vidas, estamos escribiendo cartas de amor de parte de Dios a este mundo.
María, Virgen de las Cruces, eres signo de esperanza para todos y todas los que te consideramos patrona de nuestro pueblo de Daimiel. Representas lo mejor del feminismo, signo de nuestro tiempo, pues la mujer no sólo debe conseguir sus derechos, sino que debe impregnar la sociedad de los mejores valores, propios de cada mujer: la sensibilidad, la paz, el cuidado de la vida, la solidaridad y el sentido común que tanto necesitamos en ocasiones.
Virgen de las Cruces, ayúdanos a conocer nuestras capacidades, porque estamos llamados a ser lo que tú has sido: figura y madre de la Iglesia.
Un saludo.
Valentín, párroco de Santa María.
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