|
||||||
|---|---|---|---|---|---|---|
San Pablo de la Cruz y la Virgen MaríaEl 2 de Agosto de 1907 los Misioneros Pasionistas se hacían presentes en el pueblo de Daimiel para una nueva fundación gracias a los buenos oficios de un benemérito sacerdote daimieleño, D. Manuel Utrilla Rodríguez de la Rubia. El les ofreció la ermita del Santísimo Cristo de la Luz , ubicada a las afueras de la localidad carretera a Malagón. Desde entonces los Pasionistas nos dedicamos con todo empeño a la predicación del Evangelio de la Cruz a fin de extender la memoria de la Pasión de Jesucristo en el mundo.
El Convento Pasionista del Santo Cristo de la Luz , cien años a sus espaldas tuvo como misión específica ser semillero y casa de formación para muchas generaciones de jóvenes que como Quijotes aventureros soñaban a lo divino ser misioneros por tierras hispanoamericanas. Pero para algunos estas ilusiones fueron truncadas y ahora el convento del Cristo es un Panteón y Relicario de los sagrados restos de nuestros Beatos Mártires Pasionistas de Daimiel Pero como el mejor camino para llegar a Dios es la Virgen María , Pablo de la Cruz nos muestra su entrañable devoción a la Madre de Dios dejándola como el mejor legado a sus religiosos y como Reina de la Congregación Pasionista fundada por él mismo. Pero esta devoción comienza ya desde su infancia, sin duda, de labios de su madre. Se cuenta que yendo cierto día con uno de sus hermanos de Ovada, su pueblo natal a Cremolino, en Italia, resbalaron en la pasarela que hacía de puente sobre el río Tanaro y cayeron al río con peligro de ahogarse, pero en aquellos momentos se les aparece la Virgen y alargándoles la mano les saca del río y les salva la vida. Y así su devoción fue creciendo cada día manifestándose a lo largo de su vida de otras muchas maneras. Pero dado el carisma especial que Dios había concedido a Pablo de la cruz, es muy natural que él se destacase, sobre todo los demás aspectos de la devoción a la Santísima Virgen en sus Dolores. Se cuenta que cuando él estaba más incierto sobre lo que debía hacer en la vida, se le apareció la Virgen María y le dijo: “Hijo, ¿ves cómo voy vestida de luto? Es por la pasión olorosísima de mi querido hijo Jesús. Así has de vestir tú. Tienes que fundar una Congregación en la que se vista también de esta manera y en la que se haga luto continuo por la pasión y muerte de mi querido Hijo”. Y en su testamento deja escrito a sus religiosos que promuevan en el corazón de todos la devoción a la pasión de Cristo y a los dolores de María Santísima. Poco antes de entregar su alma a Dios, señalando con la mano al crucifijo, dice a su confesor: “Ahí está mi esperanza, en la pasión santísima de Jesús y en los dolores de María santísima”. Excelente confianza, legado maravilloso de un padre bueno hacia sus hijos que les muestra lo mejor: amor verdadero a la Madre. Pero descubramos, finalmente, más gestos de devoción a la Virgen María por parte de Pablo de la cruz. En la Congregación Pasionista se ha venido celebrando con fervor especial las fiestas de la Visitación de María a su Prima Isabel; la Presentación de Nuestra Señora en el Templo a la que le dedicó el primer convento que fundó en Monte Argentario y el día en que se revistió del hábito de la Pasión. Esta fiesta del 21 de Noviembre era tan querida para Pablo que en el Capítulo General, el año mismo de su muerte (1775) la Virgen de la Presentación fue proclamada como “la primera y principal patrona de la Congregación Pasionista ”. Relación magnífica, como debe de ser. María había dado a luz a Jesús en Belén, según la carne, y ahora hemos contemplado cómo dio a luz con Pablo de la Cruz a una Congregación misionera que guarde continuamente el luto por su hijo. Ahora los hijos de Pablo de la cruz y la Familia Pasionista lo siguen viviendo porque toda nuestra vida está impregnada como la de María: “Hágase lo que tú quieras, Dios”. Lo que nos define a los cristianos es la fe, la esperanza y la caridad, y María lo vivió a plenitud y Pablo de la Cruz también, y nosotros queremos hacer lo mismo porque queremos imitarles.
Padre Ricardo San MillánPadre Pasionista de la congregación de Daimiel |
| |