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Maria discípula desde su corazón El Evangelio de San Juan nos dice que Jesús en la Cruz entregó a Juan a su madre y este aceptó el traspaso de propiedad que Jesús le hizo y la acogió como madre suya en la fe, como un tesoro que se agregaba a los que Jesús le había dado. Se suponía que María era modelo de vida ejemplar para el "discípulo amado". Es decir el discípulo, en su camino de fe, ha contado con la ayuda maternal y ejemplar de María.
Este hecho tiene, también para nosotros, un carácter simbólico, María es la Madre de todos los creyentes y se convierte para nosotros en modelo y ejemplo. 1. A Jesús, por María... hemos dicho y oído, muchas veces, esto no es otra cosa que aceptar que María es para todos nosotros una buena maestra para seguir a su Hijo. Y si fue Maestra es porque antes fue verdadera discípula, siguió a Jesús en su corazón, en el Nuevo Testamento aparece como la mujer que se puso siempre al servicio del Señor. Fue la mujer que escuchó la Palabra. La meditó en silencio y en la oscuridad. Y superó la tentación de la incredulidad poniéndose al servicio de la causa de su Hijo. Fue la perfecta "seguidora ", aunque a veces no lo siguiera físicamente. Con María "la madre de la fe", se inicia la fe en la tierra y en ese mismo momento nace la Iglesia. La Iglesia tiene el recuerdo de María como la mujer que supo mantener siempre su fidelidad y estuvo siempre abierta a Dios acogiéndolo sin reservas en su corazón..."sabía de quien se había fiado". El Dios de María - el que se contempla en el Magnificad - es un Dios fuerte, poderoso, que ensalza a los pobres, que se preocupa de los hambrientos, que opta por los pobres, que no olvida su alianza con todos... Como Jesús, María pone en práctica la Palabra de Dios asociándose a los planes de su Hijo, conduce a los hombres a Cristo. 2. Nosotros seguimos anunciando a Jesús como María... " La Iglesia debe convertirse en una Iglesia del seguimiento. Está sonando la "hora del seguimiento" para la Iglesia... la hora en que los cristianos deben ser más radicales, es decir, deben ir más a la raíz de las cosas... " Y es que constatamos un distanciamiento entre Jesús y su Iglesia. Seguir a Jesús no es sólo admirarle, sino sobre todo, "revestirse de Él". Revestirse de Cristo es la más fuerte expresión para indicar que el seguimiento debe de ir tan lejos como sea posible. Es decir, Cristo te da "sus vestidos", generosidad, entrega, perdón, amor, alegría, paz, justicia... y te pide que lo reproduzcas. El recuerdo de María como la perfecta seguidora de Jesús, la fiel discípula de su Hijo, nos sirve de instancia crítica ante no pocas infidelidades nuestras y de la Iglesia. Porque ella nos indica que cuando nosotros y la iglesia somos débiles, inconstantes, cómodos..."al principio no fue así..." Porque ante tanta falta de compromiso, de fidelidad, de amor... ella nos dice y recuerda la suerte de su Hijo... "Nadie tiene amor más grande que el que da la vida..." Porque ante tanta doblez, engaño, doble vida... María nos recuerda que su Hijo dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida..." Porque ante tanto plan de futuro como se le ofrecen al hombre, hoy día, María nos recuerda que su Hijo Jesús es el futuro del hombre. Porque ante tanto camino abierto para el hombre y la mujer de hoy, María nos enseña a ser verdaderos discípulos desde la docilidad al Espíritu, desde el silencio y la escucha y desde una esperanza total en los planes de Dios. Podemos pedir a María ser DISCÍPULOS, como ella, con esta SÚPLICA: Seguir a Jesús como tú, María, es revestirse de Él, ir adquiriendo cada vez más un asombroso parecido con El, es reproducirlo. Tu nos enseñaste cómo esperar, cómo perseverar, cómo seguir caminando. Sí, María, inicio y Madre de nuestra fe, fundadora de nuestra comunidad de creyentes, en ti descubrimos qué es fidelidad, de ti aprendemos cómo seguir a Jesús, tú nos enseñas cómo hacer de Jesús el amor y la pasión dominante de una vida. Tú misma nos configuras con Él, te haces en nosotros, madre suya, describes en nosotros sus rasgos. En nosotros lo haces Niño en Belén y Crucificado de Jerusalén, artesano del taller y profeta del Reino, silencioso contemplativo y apasionado activo. María del Seguimiento, mira a la Iglesia y a sus comunidades. Intercede por todas ellas, para que sean más diligentes en el camino de Jesús. Señor que la Iglesia no evite los peligros que el seguimiento implica, para que no desacelere el ritmo de su marcha, para que pierda los temores que la paralizan o hacen más lento su caminar. María del seguimiento, ¡ayúdanos a ponernos en marcha de nuevo! Queremos seguirte hasta el final, pasando por Getsemaní, hasta el Gólgota. Queremos estar contigo hasta la Cruz , y junto a ti, como el discípulo amado, recibir la herencia del Espíritu, así no dejaremos nunca de seguirte y será imposible dejar de creer y seremos bienaventurados y felices para siempre. Don Eulalio Asensio López Párroco de San Pedro Apóstol Daimiel |
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