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La Virgen es el “SI” de Dios a los hombres

y el “si” de los hombres a Dios.

 

María es un canto al amor de Dios.

Dios quiere que el hombre sea un pequeño Dios en la tierra.

La Virgen es el principio de este sueño de Dios para el hombre.

Con María empieza la historia de nuevo.

En ella Dios encontrará una persona enteramente dialogante, abierta acogedora y entregada.

María es la mujer:

que escucha;

que guarda;

que confía;

que obedece por amor;

Ella colabora en la lucha contra el mal, no se derrumba ni se desanima. Una colaboración necesaria para que la salvación fuera posible.

Por María vino el salvador.

Su colaboración fue el dejarse hacer, el dejarse llevar.

Su palabra más bonita y eficaz fue siempre: SI, sin miedo a pasarse en su entrega.

El diálogo entre Dios y María fue siempre afirmativo.

La Virgen es el "SI" de Dios a los hombres y el "sí" de los hombres a Dios. Un "sí" in creschendo, cada vez más abierto, cada vez más intenso, cada vez más unido.

Al sí grande de Dios, el sí pequeño de maría, pequeño; pero imprescindible.

Al sí generoso de Dios, responde el sí agradecido de María.

Al sí entregado de Dios, el sí acogedor de María.

Al sí misericordioso de Dios, el sí confiado de María.

Es la sinfonía del sí.

Sinfonía que tiene su obertura en el Adviento;

su desarrollo a lo largo de la encarnación y la vida del Emmanuel;

su apoteosis en la cruz y la pascua.

Por eso, a la puerta de entrada del paraíso hay una palabra escrita: Sí. O, sí queremos, el Sí es la llave que abre la puerta del paraíso.

Gracias al sí, los advientos son posibles.

Gracias al amor misericordioso de Dios y a María.

La Virgen es algo más que no manchada.

Es la criatura perfecta, enteramente libre, totalmente disponible, hecha sólo para amar.

María es la persona centrada en sí y más descentrada de sí:

centrada en sí porque se conoce hasta lo más íntimo;

porque acepta su vacío;

porque es dueña de sí.

DESCENTRADA: porque no se pertenece;

porque vive para Dios y no para sí;

porque se entrega a los demás. (repito sin miedos a pasarse).

María no tiene nada de sí misma.

Ella se mueve al soplo del Espíritu.

Aprendamos de ella a decir siempre: Sí al Señor, entregándole a Dios, como ella, las llaves de nuestra voluntad.

Siendo Dios para nosotros como para María: el fundamento fundante de nuestro ser y la esencia de nuestra existencia, y esto siempre....

Don Félix Fernández Villa

Párroco de Santa Maria la Mayor

Daimiel

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