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María de Nazaret: Madre de todos nosotros

Desde pequeños nos han acostumbrado a pensar en la Virgen María como Madre de todos nosotros. No es desacertado ya que Ella lo es, no carnal pero si que espiritual, de nuestras almas, para conseguirnos, con amor de Madre, la eterna salvación.

Madre espiritual de todos los bautizados, es decir, de todos los que nos llamamos creyentes o, mejor dicho, cristianos. Esto es motivo entonces de que estemos alegres, muy alegres. Ya el profeta David, que vivió mucho antes que la Virgen, dijo: Salva, Señor, al hijo de tu esclava. ¿De qué esclava? Si recordamos el Evangelio del día de la Festividad de la Inmaculada Concepción: “Aquí está la esclava del Señor”; la esclava es Maria de Nazaret, y sus hijos, todos nosotros.

Maria de Nazaret adopta benignamente por hijos a todos cuantos lo quieren ser. Nosotros demostramos constantemente que queremos ser hijos suyos, o por lo menos desde esa perspectiva es desde la que deben surgir todos los actos que la Hermandad realiza: traslados, novenarios, romerías, etc.

Pero muchas veces se nos hace pensar que la Virgen María solo es Madre de los buenos y correctos ante la Palabra de Dios. Y no es así. Para nuestra tranquilidad, la misma piadosa Virgen aseguró a Santa Brígida, que no sólo es Madre de los inocentes y justos, sino también de los pecadores, con tal de que éstos propongan corregir su equivocación. La condición que nos pide para ser sus hijos es alejarnos del pecado e intentar ser mejores cristianos.

Para terminar esta reflexión, podemos pararnos a intentar dar respuesta  a la siguiente pregunta: ¿y por qué María de Nazaret es nuestra Madre? Es difícil de entender pero aquí va la respuesta (lo más entendible posible):

1.- La primera razón es el amor de Dios a los hombres y mujeres. Dios nos ama. La Virgen tenía un gran amor para con Dios; por lo que asumió ese entusiasmo que Dios tenía a la Humanidad como algo propio.
2.- La segunda razón es que nuestro Señor, Jesús, antes de expirar, le encomendó a la Virgen María tener como hijos (reflejados en la persona de Juan) a todos nosotros.
3.- La tercera razón que nosotros le costamos a la Virgen María mucho trabajo y dolor. Pero... Sí, nosotros somos esos hijos por los cuales sufrió la pena indecible de ofrecer la vida de su amadísimo Jesús,  y la de verle morir al rigor de los tormentos más insufribles que recordamos en la Pasión.
4.- La cuarta razón surge de que por nuestra salvación se derramó la sangre de Jesucristo. Tanto nos estima la Virgen Maria porque sabe muy bien que Cristo se hizo hombre para recatar con su vida “lo que se había perdido”, todos nosotros.

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