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La Virgen de las Cruces en mi historia personal

Cuando mi vida empieza mi declive, son tiempos de ir analizando motivos y vivencias que realmente han tenido importancia. Y para todo daimieleño, resulta imprescindible con más o menos intensidad, tener en su bagaje a la Patrona , la Virgen de las Cruces.

Para mi desde luego es de suma importancia, de un modo, quizás, inconsciente la incidencia que la Señora ha tenido en mi formación.

Desde muy niño era su Imagen la que tenia para acudir a rezarle y pedirle, junto con Jesús Nazareno ya que eran los dos baluartes que me acercaban más a la Iglesia.

Recuerdo la alegría que experimentaba cuando veinte días después del domingo de Resurrección ya conocía que se acercaba la traída a Daimiel de la Virgen , y con que emoción acudía a la Cruz de los Pajes a recibirla; después, y esto nunca lo olvidare, mi padre me obligaba todos los sábados del verano asistir al canto de la Salve cuando la Sagrada Imagen estaba en Santa Maria. Entonces lo consideraba un capricho disciplinario que aceptaba para evitar un castigo, que sin duda se cumpliría.

 

Después cuando septiembre iba llegando a su fin, la tristeza me inundaba porque la Virgen volvía a su Santa Casa y hasta siete meses después no volvería a verla, ya que en aquellos tiempos no había tantos medios de comunicación para desplazarse hasta el Santuario y, por tanto, allí solamente iba cuando se celebraba la romería de septiembre (única en aquellos años).

Cantidad de motivaciones las que nuestra TRADICIÓN encierra y que, por antiguas no han perdido su vitalidad; posiblemente tengamos dioptrías para no ver, en toda su riqueza, la carga de motivos que contienen. Por citar algunas importantes, diría las traídas y llevadas, entendiendo el sentido de “caminar” o “peregrinar” con Maria. También el Santuario se puede encontrar su significado de encuentro en soledad con Ella, recordar que Jesús se retiró al desierto en soledad para estar mas íntimamente con el Padre; nos conviene ver ese oasis de paz y encuentro que sobre todo debe ser el Santuario de las Cruces.

Pido, que hagamos en estos tiempos de globalización y materialismo, un esfuerzo y un compromiso responsable como daimieleños, de saber compaginar sin enfrentamientos ni separaciones, nuestra Tradición con la autentica fe de la Iglesia. Sin duda creceremos en esperanza si somos capaces de no desvirtuar el sentido profundo que nuestra particular devoción a la Virgen de las Cruces tiene de evangelizadora.

Santa Maria de las Cruces, ruega por todos nosotros que somos TU Daimiel.

Antonio Manuel Naranjo de Román

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