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LOS SACERDOTES DEL NOVENARIO
Aunque hasta el día 6 de Mayo de 2010 no comienza el Solemne Novenario en honor de nuestra Madre y Patrona la Virgen de las Cruces en la parroquia de San Pedro Apóstol, hemos querido desde esta web dar unas pinceladas sobre los predicadores que van a presidir estos nueve días alrededor de María. Los sacerdotes que van a celebrar el Novenario están recién salidos del horno (valga la comparación). Son los tres jóvenes (tienen 26 y 27 años) que el pasado 20 de Marzo de 2010 fueron ordenados sacerdotes por nuestro Obispo, don Antonio Algora. A don Tomás lo conocemos bien porque lleva todo este curso de pastoral en Daimiel. Ha estado desarrollando su diaconado en nuestras parroquias. Se ha encargado no solo de dar Misa sino de tareas pastorales relacionadas con la infancia y la juventud. Don José Luis ha estado como diácono en La Solana y don Pedro en Pedro Muñoz. De momento los tres continúan en estos destinos hasta que en verano el Obispo les indiqué las parroquias donde continuaran sus tares pastorales. Esperemos que alguno venga para Daimiel, que hay mucho trabajo para el número de sacerdotes que tenemos. Hemos rescatado de otras páginas web unas reflexiones de estos jóvenes sacerdotes que nos van a acompañar en el próximo Novenario en honor a la Virgen de las Cruces y que girará en torno a la oración universal del “Ave María”. Dejamos las reflexiones porque a través de ellas podemos conocerles mejor.
¡Que la vida es vocación!
Son muchos los que de una manera u otra ponen a Dios en ese horizonte. Hablar de la vocación es hablar de la vida y de la existencia humana, es mirar la vida como un regalo y ofrecerla como tal al mundo y a los demás ¿Quién no siente o ha sentido el anhelo incesante de llegar a ser más? ¿Quién no lucha por mejorar su estado actual? ¿Cuántas veces en nuestra vida habrá rebosado la pregunta del “qué hacer ahora”? Creo que estaríais de acuerdo conmigo al afirmar que todos hemos pasado por esta serie de interrogantes. Respondidos y frustrados en la medida de nuestras posibilidades. Ahora bien, amigo/a lo que te propone el Señor, tu Dios, va más allá de los ideales y utopías, más allá de realizaciones personales y de metas conseguidas, te propone la felicidad desde la realización plena de tu persona. Te muestra cual sería tu mejor opción en la vida, tu mejor camino a escoger, tu mejor realización personal. Esto es la vocación: una llamada u ofrecimiento (querer de Dios) y una repuesta (libertad total del hombre). Y esto (lo de la vocación) no es la teoría de unos teólogos radicales que dedican su vida a cosificar la vida de los demás, sino la experiencia de un pueblo que ha visto como Dios ha ido marcando su devenir. Miremos a la Sagrada Escritura, ella nos mostrará esa experiencia. Desde Abraham a David, pasando por Moisés hasta llegar a Juan Bautista y a María…todos han leído su vida a la luz de Dios, han escuchado al creador y han respondido a su querer. ¡La criatura responde fielmente a la voluntad de su creador! Esta es la mejor opción de nuestra vida: escuchar a Dios y responderle, dentro de nuestras posibilidades, con fidelidad y entrega. ¡Hasta el Hijo de Dios fue obediente al Padre hasta la muerte! Desde estas líneas te ruego que pidas por nosotros: los seminaristas para que seamos más y más santos. Pedid por los jóvenes que están abiertos a la llamada de Dios, ¡que la escuchen! Ojalá que todos veamos nuestra vida como una vocación en la que el protagonista es Dios y en la que el segundo protagonista (cada uno de nosotros) se arriesgue a escucharle y a responderle con fidelidad y entrega.
Si me hubieran dicho hace once años que iba a estar escribiendo estas líneas no me lo hubiese creído. No cabía en mi cabeza el pensar que podría llevar una vida como la que llevo ahora. Por aquellos años yo ya había conocido algunos curas: en la catequesis, en las misas, en la escuela… Pero nunca hubiera pensado que mi vida estaba encaminada hacia la vocación sacerdotal. Tras una serie de acontecimientos: convivencia en el seminario, cursillos de ingreso, hablar con seminaristas… Decidí entrar en el seminario. Es ahora cuando me doy cuenta que la vocación no la podemos reducir a lo que uno siente interiormente, porque en mis planes no entraba la posibilidad del sacerdocio. Cuando decimos que uno tiene vocación estamos pensando que lo más importante en ésta no es su sentimiento y decisión. La vocación es una llamada que nos hace la iglesia a quienes considera “aptos”. Esto no significa que el individuo no cuenta, su respuesta será decisiva, es a él al que le toca aceptar o rechazar esa llamada. Esta manera de ver la vocación ha sido fundamental en mi vida, uno se siente frágil, débil... pero con la confianza de Quien le ha llamado. Él eligió a los que quiso, para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar (Mc 3,13s). En medio de esta sociedad que gira alrededor del éxito, bienestar, consumismo, materialismo… Dios por medio de su iglesia sigue llamando a jóvenes a dejarlo todo y seguirle (Mc 10,17-22). Leí hace unos años una cita del filósofo Julián Marías que me hizo pensar: “Siempre he creído que la vida no vale la pena más que cuando se le pone en una carta, sin restricciones, sin reservas; son innumerables las personas, muy especialmente en nuestro tiempo, que no lo hacen por miedo a la vida, que no se atreven a ser felices porque temen a lo irrevocable, porque saben que si lo hacen, se exponen a la vez a ser infelices”. Uno de las grandes miedos de los jóvenes de nuestra sociedad es lo irrevocable, esa indecisión ante los grandes retos de la vida. Tendemos a lo provisional, a lo que nos compromete “pero no del todo”, que nos obliga “pero solo en tanto en cuanto”. Preferimos no acabar de apostar por nada, o si no hay más remedio que hacerlo, lo rodeamos de reservas, de “ya veremos cómo van las cosas”. Los jóvenes no se atreven a jugarse la vida a una carta, ¿Por qué comprometerlo todo a una carta cuando el juego de mañana no sé cómo se presenta? Es cierto que hay muchas cosas relativas en la vida, pero yo hoy no me refiero a éstas. Si yo pensara en el mañana, en lo que me puede pasar, en mis miedos… No estaría escribiendo estas líneas. Fue Benedicto XVI, quien al inicio de su pontificado afirmó: “Quien se encuentra con Cristo no solamente no pierde nada sino que gana todo. Él llena el corazón, esclarece las preguntas e interrogantes de nuestras cabezas, y la bondad que nos mueve a hacer el bien. Si te has encontrado con Jesús, Él cambiará tu vida, tus ideales, ilusiones, reacciones… todo es visto de otra manera. Jesús nos da como ley única el amor como Él amó. Él te conduce por el mejor de los caminos. Jesús es el mejor tesoro. VUESTRO AMIGO JOSÉ LUIS.
Testimonio El 5 de septiembre era ordenado en Ciudad Real, junto a dos compañeros, diácono para el servicio de la Iglesia, de manos de nuestro Obispo D. Antonio Algora. El 13 de septiembre de 2009 era presentado en la Parroquia de San Pedro Apóstol de Pedro Muñoz, donde continúo después de haber sido ordenado sacerdote el pasado 20 de marzo. He iniciado mi sacerdocio compartiendo mi tiempo en medio de la gente del pueblo, con los niños de catequesis, animando a los nuevos monaguillos, dedicando mi atención a los jóvenes desde la enseñanza en el Instituto a través de las clases de religión, compartiendo experiencias de fe con tantas y tantas personas… Con tan sólo unos pocos días como sacerdote intento transmitir mi ilusión y mi juventud estando al mismo tiempo con los ojos abiertos para “empaparme” de la realidad de la Parroquia. No puedo olvidar mi pasado y no puedo dejar de dar gracias a Dios por haberse fijado en mí para desempeñar esta hermosa tarea. Mis raíces están en Membrilla, mi pueblo, pero además, la historia de mi vida está muy ligada al Seminario de Ciudad Real. Han sido 13 años desde que, siendo monaguillo en la parroquia de Membrilla, ingresé en el Seminario. Toda persona tiene que descubrir qué quiere Dios de cada uno, o lo que es lo mismo, cuál es la vocación a la que Dios nos ha llamado. Todos somos llamados por Dios. Es la llamada al sacerdocio la que Dios tenía reservada para mí. No en pocas ocasiones he intentado averiguar cómo, cuándo y dónde descubrí mi vocación. No hace falta experimentar una llamada extraordinaria, con hechos llamativos y en lugares y formas extrañas. Dios ha ido despertando en mí la vocación a medida que he ido creciendo. Desde que era un niño he sentido la inquietud por ser sacerdote, y Dios se sirve de mediaciones para impulsarme y acompañarme, para orientarme y guiarme en el camino vocacional. Entre ellos están los sacerdotes, la familia, los catequistas, maestros del colegio… Cada uno de ellos me ha aportado un rayo de luz para ver con claridad cuál era el camino que Dios tenía preparado para mí. Juan Pablo II no se cansó de repetir: “No tengáis miedo, abrid las puertas a Cristo”. Ciertamente, merece la pena seguir a Cristo. Él sigue llamando también hoy a jóvenes dispuestos a “dejarlo todo” y responderle con firmeza siguiendo el camino que ha preparado para cada uno de nosotros. Ser sacerdote, también hoy, merece la pena. El sacerdocio es una consagración para toda la vida. A veces se puede pensar en la gran dificultad que la vida sacerdotal conlleva en la actualidad, pero al mismo tiempo sé que no es una “aventura” en solitario. Soy sacerdote por Cristo, con Cristo, en Cristo y de Cristo. San Pablo ha sido el que mejor ha descrito la estrecha unión con Cristo: “ya no vivo, es Cristo quien vive en mí”. El amor de Dios será el que guíe mis pasos y dirija mi mente y mi corazón. Si hay una persona que ha experimentado el amor de Dios como nadie, esa ha sido María. La madre de Dios y madre nuestra es modelo de entrega y confianza en Dios. Ella nos enseña cómo responder a la llamada de Dios con un corazón atento, escuchando la Palabra y llevando a cabo una vida de santidad. Siguiendo sus pasos será más fácil “cargar con la cruz y seguir a Cristo hasta dar la vida”. Le pido a la Virgen María, el mejor modelo de oración, poder imitar su vida de humildad, sencillez y escucha de la Palabra. Me pongo en los brazos de María como hijo suyo que soy y le pido que me ayude a seguir caminando con fe viva en la Iglesia, la gran familia de los Hijos de Dios, con disponibilidad y entrega amorosa a los hermanos. VUESTRO AMIGO PEDRO |
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