OTRA ATÍPICA SEMANA SANTA
Aunque es verdad que los cristianos hemos celebrado la Pasión y Muerte del Señor a través del Triduo Pascual, todos los daimieleños tenemos la sensación de que ha faltado algo en nuestras vivencias.
En Daimiel somos grandes vividores de la Semana Santa. Con los oficios, las procesiones, los ausentes que llegan y demás tradiciones adjuntas, hacen que vivamos estos días de una manera muy especial y distinta a los demás. La falta de alguno de estos elementos citados hacen que tengamos que añadir la palabra “atípica” a nuestro resumen de estos días.
El Domingo de Ramos todos celebramos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Cientos de niños acompañaron al Señor en su desfile procesional por las calles de Daimiel montado en “una borriquilla”.
Días posteriores muchos ciudadanos estuvieron junto, con los nazarenos que desfilaron, a Jesús en la cruz; a la vez fueron meditando las quince estaciones del Santo Vía Crucis. Las reflexiones del padre pasionista don Miguel López, en el Vía Crucis del Martes Santo, y las del párroco de San Pedro don Eulalio Asensio, en el Vía Crucis del Miércoles Santo, hicieron posible que los daimieleños nos preparásemos muy bien para lo que celebraríamos en los días siguientes.

“Tres jueves hay en el año que relucen más que el Sol...” Así fue como trascurrió todo el Jueves Santo. En esta jornada soleada, daimieleños y visitantes pudimos gozar con el extraordinario concierto de la Banda Municipal de Música de Daimiel, celebrar solemnemente la Cena del Señor, visitar los espectaculares Monumentos y, ver y acompañar a los coloraos en su desfile procesional con Cristo en la última cena, en Getsemaní, apresado y flagelado, y, como no, a su madre en la amargura.
La noche del Viernes Santo fue larga y muy intensa. La ermita de Ntra. Sra. de la Paz fue el típico lugar de peregrinación y de obligada visita. Tocaba ver a Jesús Nazareno antes de de scansar un poco para la jornada intensa que se avecinaba. Al amanecer la procesión de Jesús Nazareno trascurrió como de costumbre pero fue su final el que nos encogió el corazón y nos hizo sufrir a nazarenos y observadores de la procesión. El gran chaparrón de agua que cayó deslució la procesión más entrañable de Daimiel. Nos quedamos con el comportamiento de los cofrades, que empapados de agua, acompañaron y alzaron y secaron y ... a Jesús Nazareno. Nos quedamos con el comportamiento de los daimieleños que arrimaron el hombro sin ser hermanos, que no se movieron de las aceras hasta que pasó Jesús, que desde las casas echaban materiales para ayudar a tapar las sagradas imágenes, que se acercaron a la Paz y al Museo para ver en que podían ayudar o simplemente preguntar por el estado de Jesús. Nos quedamos con esto porque en esa mañana triste e inolvidable para Daimiel, quedó claro que Nuestro Padre Jesús Nazareno es el Jesús del pueblo de Daimiel. Nos solidarizamos desde aquí con las Juntas Directivas saliente y entrante de los moraos, y les tendemos nuestra mano para lo que podamos ayudar desde la Hermandad de la Virgen de las Cruces.
Blancos, negros y corbatos no pudieron salir porque había una alta amenaza de lluvia. Las Juntas Directivas correspondientes tomaron la decisión más acertada: no salir y celebrar dentro de la iglesia unos actos muy emotivos. No se podía arriesgar a desfilar y que ocurriera otra vez lo que vimos por la mañana. Los blancos prepararon una hermosa reflexión de las siete palabras que el Cristo de la Expiración dijo desde lo alto de la Cruz. Los negros y corbatos también organizaron una entrañable oración conjunta al Cristo del Sepulcro y la Virgen de la Soledad.
Tanto el Jueves como el Viernes Santo, los templos estuvieron abarrotados de fieles que participaron de los místicos Oficios. Una vez más estas celebracion es volvieron a marcar el corazón y el alma de los asistentes. Esperemos que a todos nos ayuden a vivir una vida cristianamente mejor.
Ya el Sábado Santo pudimos acompañar a María Desolada en su desconsuelo. Tras dos años de espera, los capuchinos pudieron salir a la calle y meditar los siete dolores de la Virgen, con la ayuda del padre provincial pasionista don Fernando Rabanal. Una procesión que nos condujo a la Vigilia Pascual en la que Daimiel celebró con ansias que CRISTO HA RESUCITADO.
Desde aquí felicitamos a todas las Cofradías y Hermandades, grupos de liturgia, sacerdotes, coros parroquiales, etc, por el gran trabajo realizado para que Daimiel vuelva a vivir la Semana Santa.
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