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A través de estas líneas vamos a tratar de conocer algo más acerca de la iglesia y el Santuario de Nuestra Señora de las Cruces. Es difícil, sin manejar documentación de archivo intentar trazar la historia, el devenir a través de los siglos del Santuario de nuestra Patrona. Sin lugar a dudas, será la documentación de archivo la que nos ayude a aportar nuevos datos acerca de la construcción y las transformaciones sufridas a lo largo de los siglos en el Santuario. Lo que haremos por tanto, será recurrir a las fuentes escritas que ya hay publicadas de otros autores que en momentos distintos de la historia se ocuparon, aunque Como decía, estas fuentes ya publicadas y de obligada consulta, nos hacen remontarnos (las más antiguas) al año 1575, cuando se redactan las Relaciones de los pueblos de España mandadas hacer por Felipe II. De la interesante descripción que se hace de nuestro pueblo, podemos encontrar una copia versificada de un relato escrito por un devoto de la Virgen en el año 1560, sobre la leyenda de la aparición de la Virgen a un muchacho en el año 1465. También encontramos aquí las primeras referencias acerca de la ermita del santuario.
Retomando de nuevo las Relaciones se nos dice que “la fundación de esta ermita parece según es público y notorio en esta villa que se fundó por un milagro que acaeció…”. También se hace referencia en este texto a que la ermita se encuentra a unas dos leguas de la villa de Daimiel, y se encuentra fundada la mitad de ella o más en el término común que tienen Torralba y Daimiel en el pasto, como anteriormente decíamos antes el paraje de la Tamarosa. La ermita que hoy contemplamos no es, como es lógico, la construcción original. En el último cuarto del s. XVI ésta era “muy principal hecha de mampostería de cal y canto”. La imagen de la ermita a finales del siglo XVI era sin duda más cercana a la original que lo que nosotros vemos hoy día. Se trataría en origen de una pequeña construcción con muros de tapial y mampostería con una cubierta de madera. Esta tipología se mantendría seguramente sin cambios notables hasta el siglo XVII, momento en el que empiece a sufrir una remodelación bajo el prisma del barroco, configurando el aspecto que presenta en la actualidad. Será por tanto el barroco el estilo artístico que más huella deje, tanto en la ermita, por la serie de modificaciones que sufrirá en cuanto a la fábrica y a la decoración, como en la propia imagen de Nuestra Señora, que también se verá afectada por la moda barroca, y es que será el momento en el que siguiendo las premisas de ese gusto barroco se vista la magnífica talla medieval de la Virgen de las Cruces, presentando un aspecto sustancialmente distinto al que tenía en origen.
Como elemento característico de este tipo de construcciones barrocas, y como una creación netamente española, vamos a encontrar el camarín. Unas construcciones no siempre apreciadas en su justa medida, pero que por si mismas constituyen una de las creaciones más interesantes del mundo barroco. Esta construcción adosada a la cabecera de la iglesia en el lado del evangelio, va a pasar a ser la habitación de la Señora , donde se guarden sus joyas y vestidos, al tiempo que también va a albergar todas aquellas ofrendas y exvotos que los devotos entregan a la Virgen solicitando algún favor.
La fachada principal de acceso al Santuario, va a tener mucho que ver con la arquitectura popular de nuestra zona: en la actualidad al encontrarse desprovista de su capa original de revoco (un aspecto fruto de una intervención a finales de los años 70), protección para un material pobre como es la mampostería, nos sirve para poder ver cual es su técnica constructiva. Esta práctica de desvestir los paramentos murales de nuestras construcciones populares realizadas tanto con tapial y mampostería, como es este caso, es una actuación cada vez más habitual, pero muy alejada de lo que los arquitectos y alarifes pretendían conseguir, nuestra arquitectura siempre estuvo revestida y encalada, no como hay veces que nos hacen entender, desvirtuando la imagen original de nuestros monumentos.
El Santuario como hemos visto presenta una imagen distinta de aquella primitiva, originaria, esto es un hecho habitual debido al paso del tiempo, son los distintos estilos y gustos de cada época los que van marcando la pauta y la historia de nuestras construcciones, añadiendo, modificando o eliminando elementos, unas veces de una manera más acertada que otras. A pesar de estas transformaciones, la imagen que presenta el Santuario, tanto ermita, patio y el propio paraje, un precioso entorno natural que invita a pasear y a acompañar a la patrona en su romería, no hacen sino crear un marco verdaderamente homogéneo que aúna tradición, historia y devoción que desde tiempo inmemorial se viene ofreciendo a la imagen de nuestra Virgen de las Cruces.
Don Diego Clemente EspinosaLicenciado en Historia del ArteConservador del Museo Comarcal de Daimiel |